Tu sí tienes quién te defienda III

Parte III

Antes de ser rey, David vivió historias impresionantes y una de ellas se encuentra en 1 Samuel 21. David huye desesperado de la corte del rey Saúl, y no habiendo más lugares donde esconderse decide quedarse en la tierra de los filisteos. David razonó dentro de sí mismo y pensó que el rey Aquis lo recibiría con los brazos abiertos, pero ésa fue una de las decisiones más inapropiada que David tomó, ya que el rey Aquis tenía presente la derrota de Goliat y la humillación de su ejército, por lo tanto cuanto escuchó que David estaba allí no pensó otra cosa sino en matarlo y pidió que se lo llevaran a su presencia.

¿Cómo hace Dios para protegernos de nuestras decisiones más necias? ¿Cómo hace Dios para protegernos cuando voluntariamente nos entregamos en las manos del enemigo? ¿Cómo proteger a alguien que tiene una forma de pensar tan errónea que pone en riesgo todo, incluso su propia vida?.

Cuando David se encontró frente al rey Aquis, clamó a Dios desesperadamente por su vida, en ese instante fue iluminado: fingió perder la razón, por lo tanto comenzó a actuar como un loco haciendo garabatos y dejando que su saliva corriera por su barba. Cuando el rey Aquis lo ve, se da cuenta de que ese hombre desequilibrado mentalmente, no puede ser David. Entonces lo saca de su palacio a patadas en vez de cortarle la cabeza.

Después de eso David encuentra refugio en la cueva de Adulam. Allí se reúne con mucha gente amargada y herida, sin embargo, es en este lugar donde David escribe el Salmo 34, dándole gracias a Dios por salvarlo de la situación en donde él mismo se había posicionado.

Leamos juntos algunos versículos de este Salmo: “1 Bendeciré al Señor en todo tiempo; mis labios siempre lo alabarán. 2 Mi alma se gloría en el Señor; lo oirán los humildes y se alegrarán. 3 Engrandezcan al Señor conmigo; exaltemos a una su nombre. 4 Busqué al Señor, y él me respondió; me libró de todos mis temores. 5 Radiantes están los que a él acuden; jamás su rostro se cubre de vergüenza. 6 Este pobre clamó, y el Señor le oyó y lo libró de todas sus angustias. 7 El ángel del Señor acampa en torno a los que le temen; a su lado está para librarlos. 8 Prueben y vean que el Señor es bueno; dichosos los que en él se refugian. Salmo 34 (NVI).

Cuando Dios nos defiende de nosotros mismos:

¿Cómo es esto posible? La verdad es que así como David, muchos de nosotros nos ponemos en las manos del enemigo cuando tomamos malas decisiones que traen consecuencias que pagamos por años, o vivimos una vida de engaños donde intentamos autoconvencernos de que así estamos bien, cuando en realidad no somos felices.

Hemos aprendido en las últimas semanas que Dios nos protege de otras personas cuando nos difaman o agreden, también nos cuida de las artimañas de nuestro adversario el diablo; asimismo en su gran amor, Dios nos cuida de nosotros mismos.

Quiero mostrarte tres aspectos de nuestra vida en los que somos vulnerables, y por los cuales en varias ocasiones, tomamos malas decisiones que nos ponen en una situación difícil de salir.

Dios quiere protegernos de estos aspectos:

1- Dios te cuida del pecado:

La prohibición del pecado, no es porque Dios no quiere que te diviertas o que seas feliz, sino que te protege de quedar aplastado en una avalancha de consecuencias que tú mismo provocaste. Por esta razón el Espíritu Santo te hará sentir cuando estás en pecado, para que corras en la dirección opuesta.

El Señor dice:” Sed santo porque Yo soy Santo”. Busca la santidad, porque agrada a Dios.

2- Dios te cuida de pensamientos negativos acerca de ti mismo:

Vas a sentir paz en la superación personal. Muchas personas tienen estos recurrentes pensamientos equivocados: nunca voy a mejorar, no soy muy inteligente, no creo que salga de esta situación financiera, siempre elijo a la persona incorrecta, al final sólo tomo malas decisiones, no creo que pueda con esto, mis problemas me superan, nadie me va a amar, etc.

Si tu corazón está lleno de conceptos equivocados sobre tí mismo, conforme a eso vivirás porque del “corazón mana la vida”.

Llena tu corazón de lo que la Palabra de Dios habla acerca de ti, Dios dice que eres un ganador, todo lo puedes porque Cristo te fortalece.

3- Dios te cuida de las máscaras:

La genuinidad y originalidad es un rasgo distintivo del Reino de Dios y la imitación es un rasgo de Satanás.

David pasó uno de los momentos de mayor confusión de su vida cuando Saúl le tuvo envidia y lo quiso matar. No olvides que tu crecimiento no siempre agrada a los que están a tu alrededor. David tuvo que salir huyendo del pueblo de Dios porque su rey iba a matarlo, se cruzó hacia el enemigo para salvar su vida, aunque ser filisteo no era su identidad.

Curiosamente las personas que más se confunden son aquellas que sufren problemas de identidad, gente que utiliza máscaras para ir por la vida. Máscaras con la que ocultan su verdadero yo e intentan agradar a otros con una “careta” que no podrán sostener por mucho tiempo.

Si eres hijo de Dios entonces esa es tu identidad. No tienes porque agradar a ninguna otra persona, sólo busca agradarle a Dios.

Conclusión:

El Salmo 34 muestra una realidad indiscutible: David dijo “este pobre clamó y Dios lo oyó”. Siempre Dios te escuchará en tu momento de aflicción y aunque hayas tomado malas decisiones recuerda que eres hijo de Dios y tienes quién te defiende. Las personas que no se sienten hijos de Dios, cuando surge un problema buscan solucionarlo en sus fuerzas, pero los que se sienten hijos del Rey, en su mayor angustia, clamarán al Señor y Él les responderá.

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