Tu sí tienes quién te defienda II

Sabemos que podemos confiar absolutamente en que Dios cuida de nosotros y nos defiende ante cualquier circunstancia. Pelea nuestras batallas frente a enemigos naturales, de carne y hueso, esas personas que quieren herirnos; también de nosotros mismos, Dios nos cuida de auto boicotearnos y destruir los planes que Él tiene para nosotros.

Hoy veremos cuando Dios nos defiende de los ataques del Diablo.

¿Cómo te defiende el Señor de las tinieblas?

En la lección anterior hemos enseñado la importancia de no defendernos en nuestras propias fuerzas, para activar la defensa sobrenatural de Dios en nuestra vida. Cuando creemos que Dios nos defiende, debemos imitar a Jesús: pasar por alto cualquier insulto o agravio y ver cómo Dios nos respalda.

Sin embargo, frente a este adversario; el Diablo, el principio espiritual es diferente. Esta vez Dios le entrega a su Iglesia las armas espirituales para poder defenderse. Para comprender cómo es que Dios nos defiende de nuestro adversario Satanás debemos enseñar un principio espiritual muy importante: El principio del empoderamiento espiritual de su Iglesia desde la venida del Espíritu Santo.

Permítame explicarlo de esta manera, en el Antiguo Testamento, es decir antes de la muerte y resurrección de Cristo, no había liberación de demonios porque el Espíritu Santo no había sido derramado sobre sus hijos. El pueblo de Dios no tenía recursos espirituales para hacer una transformación en el mundo, de hecho Dios no permitía el ataque de las tinieblas a sus hijos a menos que ellos mismos lo buscaran, como por ejemplo, el caso de Saúl que fue atormentado por un espíritu inmundo habilitado por Dios. En realidad Saúl, por su extrema rebeldía, había perdido el cuidado de Dios. Pero desde el derramamiento del Espíritu Santo sobre su Iglesia, en el Nuevo Testamento, la misma Iglesia fue empoderada con la capacidad de derrotar a los demonios, por la presencia de Dios en sus hijos. Jesús lo anunció cuando el caminó sobre la tierra, “las puertas del infierno no prevalecerán sobre la Iglesia”.

Somos una Iglesia empoderada por el Espíritu Santo, pero debes creerlo para vivirlo. Este empoderamiento es real, mediante armas espirituales para aquellos hijos de Dios crecidos y maduros que se atreven a tomarlas.

Debemos hacer una aclaración determinante: Jesús lo dijo así, “según tu fe te será hecho”. Si crees en la Salvación recibirás Salvación, si crees en la sanidad recibirás sanidad, si crees en la prosperidad recibirás prosperidad y si crees que Dios tiene autoridad para liberarte de cualquier poder de las tinieblas, entonces así también te será hecho.

Digo esto porque he ministrado a muchas personas que durante toda su vida se han sentido oprimidos por las tinieblas, y la verdad es que la Biblia tiene otra promesa para sus hijos: promete libertad y afirma que hay poder en nuestras vidas para someter a las tinieblas. Sin embargo, he visto gente que pone su FE en el poder de las tinieblas y duda sobre el cuidado de Dios en su vida, por lo tanto jamás dejan de ser oprimidas por la oscuridad.

¿Hacia dónde direccionas tu FE?

Entonces, ¿podemos decir que Dios nos protege o que el Señor nos empoderó para que nos protejamos solos de las tinieblas? La verdad es que a pesar de ser empoderados, el cuidado de Dios nunca cesa sobre aquellos que lo creen y lo proclaman. Veamos dos maneras en la que nos cuida:

1. Sé sensible a la guía del Espíritu, porque él te cuida.

Uno de los ejemplos más grandes sobre la guía del Espíritu Santo cuidando a sus hijos, lo encontramos en el segundo viaje de misionero de Pablo, él intenta entrar a la zona de Éfeso, en la provincia de Asia, pero el Espíritu se lo impide.

Leamos las escrituras:

6 Atravesaron la región de Frigia y Galacia, ya que el Espíritu Santo les había impedido que predicaran la palabra en la provincia de Asia. 7 Cuando llegaron cerca de Misia, intentaron pasar a Bitinia, pero el Espíritu de Jesús no se lo permitió. Hechos 16:6-7 NVI

Probablemente no estamos preparados para derribar ciertas potestades. Dios nos entrena para ello, ésa es la razón por la que el Espíritu no permitió que Pablo entrara en Éfeso sino hasta su regreso casi 2 años después. Cuando finalmente el apóstol Pablo entró a Éfeso, no sólo estableció una gran Iglesia, sino que también derribó una de las potestades que dominó por siglos en aquella región de Asia: la hechicería y la idolatría.

17 Cuando se enteraron los judíos y los griegos que vivían en Éfeso, el temor se apoderó de todos ellos, y el nombre del Señor Jesús era glorificado. 18 Muchos de los que habían creído llegaban ahora y confesaban públicamente sus prácticas malvadas. 19 Un buen número de los que practicaban la hechicería juntaron sus libros en un montón y los quemaron delante de todos. Cuando calcularon el precio de aquellos libros, resultó un total de cincuenta mil monedas de plata. 20 Así la palabra del Señor crecía y se difundía con poder arrollador. Hechos 19:17-19 NVA

Es claro que Dios nos empoderó, pero hay batallas que aún no podemos pelear hasta que Dios nos entrene.

No debemos olvidar que estamos en guerra espiritual, por eso debemos dejarnos llevar por el Espíritu Santo, y ser guiados por él. Además de preguntar como David lo hacía: ¿Señor debo pelear esta batalla?, es decir, ¿Señor debo tomar este trabajo? ¿Señor debo asociarme con esta persona? ¿Señor debo emprender este negocio?

Si bien es cierto que tenemos la capacidad de pelear y vencer las tinieblas, también es cierto que vamos creciendo y, al dejarnos guiar, Dios nos cuidará para que peleemos las batallas que están hoy a nuestra altura. Ése es el cuidado de Dios en esta guerra espiritual.

2. Sé sensible a la revelación del Espíritu Santo, porque él te muestra las intenciones de las tinieblas.

Ten presente que Dios es realmente omnipresente y sabe perfectamente lo que las tinieblas planifican en tu contra, mira lo que dijo Daniel: 22 Él revela lo profundo y lo escondido, y sabe lo que se oculta en las sombras. ¡En él habita la luz! Daniel 2:22 (NVI)

Muchas veces Satanás se levanta contra los hijos de Dios y es aquí donde el Espíritu Santo interviene de forma muy sutil. Generalmente lo hace a través de los sueños o discernimiento de espíritus: ¿te ha sucedido que tienes un sueño que te preocupa porque viste que sucederá algo malo? Esto me sucedió varias veces y lo que hice al respecto fue tomar las armas espirituales de oración y cancelar todo aquello que vi en los sueños. La mayoría de esas cosas nunca sucedieron, pero el Espíritu Santo, al mostrarme en sueños, lo que las tinieblas planificaban, pude combatirlas. El discernimiento espiritual que viene de Dios es como un radar antimisiles que se activa en nuestras vidas, de esta manera siempre podremos utilizar las armas de defensa a tiempo.

Un claro ejemplo del accionar del Espíritu Santo sucedió con el profeta Elías: 8 El rey de Siria, que estaba en guerra con Israel, deliberó con sus ministros y les dijo: «Vamos a acampar en tal lugar». 9 Pero el hombre de Dios le envió este mensaje al rey de Israel: «Procura no pasar por este sitio, pues los sirios te han tendido allí una emboscada». [b] 10 Así que el rey de Israel envió a reconocer el lugar que el hombre de Dios le había indicado. Y en varias otras ocasiones Eliseo le avisó al rey, de modo que este tomó precauciones. 11 El rey de Siria, enfurecido por lo que estaba pasando, llamó a sus ministros y les reclamó:

—¿Quieren decirme quién está informando al rey de Israel?

12 —Nadie, mi señor y rey —respondió uno de ellos—. El responsable es Eliseo, el

profeta que está en Israel. Es él quien le comunica todo al rey de Israel, aun lo que Su

Majestad dice en su alcoba. 2 Reyes 6:8-12NVI

Conclusión:

Podemos atesorar en nuestro corazón estas enseñanzas concretas: 1) cuando una persona te difama o habla mal de ti, no te defiendas, pues Dios peleará en tu nombre, 2) cuando nuestro adversario sea el Diablo, defiéndete, pues Dios te ha entregado las armas espirituales para hacerlo y Él está a tu lado. 3) Dios te cuida a través del discernimiento espiritual y la guía del Espíritu Santo para que en cada batalla resultes victorioso.

Hoy declaro en el Nombre de Jesús sobre tu vida, que siempre vencerás y jamás serás vencido.

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