Mi vida y mi familia ¿Cómo Superarnos?

Desde la creación del hombre el enemigo estuvo y está enfocado en aprovechar la maldad del ser humano para generar división, peleas, desacuerdos, confusión, o introducir conceptos errados con respecto a los principios del Reino de Dios y atacar de alguna manera a la familia, quitándole su valor y rompiendo los lazos afectivos. Desde esa primer pelea que terminó en asesinato entre dos hermanos, Caín matando a Abel, hasta el día de hoy en nuestras familias experimentamos el sabor amargo de problemas familiares.

En ésta lección aprenderemos a crecer como personas para poder interactuar sabiamente dentro del círculo familiar. Declaramos que donde hay familias heridas, peleadas o destruidas, cualquiera sea la razón ahora comienza un tiempo de sanidad personal, sanidad de las relaciones familiares, tiempo de activar el perdón de Dios y de recuperar los lazos afectivos perdidos. 

El plan de Dios es una familia sana:

Entendemos como familia todo núcleo dónde conviven personas unidas por sangre o legalmente, ya sea la familia clásica, ensamblada o monoparental. Casi todas las familias tienen problemas y en ocasiones suelen durar años, ocasionando angustia, bronca, peleas, situaciones incómodas y tristeza profunda que afectan en diferentes áreas a una persona involucrada en la situación.

Las razones de las peleas familiares pueden ser varias: ya sea por padres que prefirieron más a un hermano que otro, entre hermanos por malos entendidos, competencia, envidia, etc., por un tema de repartición de herencia, por préstamo de dinero que no fue devuelto, por no aceptar a la pareja elegida por un miembro de la familia, por sentirse rechazados en alguna ocasión, por decisiones que no coinciden con el criterio general de la familia, etc. Se podrían nombrar numerosas razones que pueden generar problemas en una familia.

Ahora, ¿Porqué un mismo problema puede afectar tanto a una familia por muchos años y a otra familia no le afecta? Porque depende de lo fuerte o débil que es el lazo afectivo que se creó en la familia. Los padres son responsables en gran medida de sembrar unidad en la familia. Eso se rompe cuando los padres critican a familiares, juzgan, emiten opiniones negativas, se quejan o protestan sobre alguien y eso va generando ideas y prejuicios en la mentalidad de los hijos. Lo mismo sucede cuando los padres comparan a sus hijos entre sí dejándolos en un escenario para crecer competitivamente entre ellos. Estas relaciones estarán frente al riesgo de que cuando crezcan, compitan por la aceptación de los padres, la felicitación de los mismos, compararán el crecimiento económico del uno con el otro y en muchas ocasiones surgen los reclamos entre hermanos que sienten que sus padres marcaron diferencias en el trato hacia cada uno de ellos. En definitiva los padres somos responsables de generar lazos fuertes en nuestro matrimonio, de nosotros hacia nuestros hijos y viceversa, lazos fuertes entre nuestros hijos, lazos fuertes de ellos para con los abuelos, tíos, primos o sea la familia extendida.

Una historia de la Biblia que ejemplifica muy bien cómo se pueden romper los lazos y cuál es el modo de restaurarlos:

Leamos juntos una historia bíblica de una pelea de una familia que duró 20 años entre dos hermanos, a raíz de unos padres que los hicieron competir y compararse. Isaac prefería a su hijo Esaú, pero su esposa Rebeca prefería a su hijo Jacob. Y los mismos padres provocaron una pelea tan grande entre los hijos que desde ese momento, Jacob debía huir de su hermano Esaú para que no lo matara. Leamos Génesis 27:41 al 46: “41 A partir de ese momento, Esaú guardó un profundo rencor hacia su hermano por causa de la bendición que le había dado su padre, y pensaba: «Ya falta poco para que hagamos duelo por mi padre; después de eso, mataré a mi hermano Jacob». 42 Cuando Rebeca se enteró de lo que estaba pensando Esaú, mandó llamar a Jacob, y le dijo: —Mira, tu hermano Esaú está planeando matarte para vengarse de ti. 43

Por eso, hijo mío, obedéceme: Prepárate y huye en seguida a Jarán, a la casa de mi hermano Labán, 44 y quédate con él por un tiempo, hasta que se calme el enojo de tu hermano. 45 Cuando ya se haya tranquilizado, y olvide lo que le has hecho, yo enviaré a buscarte. ¿Por qué voy a perder a mis dos hijos en un solo día? 46 Luego Rebeca le dijo a Isaac: —Estas mujeres hititas me tienen harta. Me han quitado las ganas de vivir. Si Jacob se llega a casar con una de las hititas que viven en este país, ¡más me valdría morir!.”

Esta historia bíblica nos muestra dos hermanos mellizos peleados, odiándose, anhelando matarse el uno al otro. Y Rebeca estaba preocupada y harta de las posibles nueras que ella no aceptaría. En fin, una pelea que hizo que Jacob huyera de su hermano Esaú y estuvieron sin verse entre ellos por casi 20 años, un hecho que angustió a los padres y que toda la familia se viera afectada. Génesis 33 nos relata el encuentro entre ambos hermanos luego de tantos años sin verse, en donde cada uno formó su familia y crecieron económicamente. Un encuentro cargado de incógnitas y temores por la incertidumbre de la reacción de la otra parte. “1Cuando Jacob alzó la vista y vio que Esaú se acercaba con cuatrocientos hombres, repartió a los niños entre Lea, Raquel y las dos esclavas. 2 Al frente de todos colocó a las criadas con sus hijos, luego a Lea con sus hijos, y por último a Raquel con José. 3 Jacob, por su parte, se adelantó a ellos, inclinándose hasta el suelo siete veces mientras se iba acercando a su hermano. 4 Pero Esaú corrió a su encuentro y, echándole los brazos al cuello, lo abrazó y lo besó. Entonces los dos se pusieron a llorar. 5 Luego Esaú alzó la vista y, al ver a las mujeres y a los niños, preguntó:—¿Quiénes son estos que te acompañan? —Son los hijos que Dios le ha concedido a tu siervo —respondió Jacob. 6 Las esclavas y sus hijos se acercaron y se inclinaron ante Esaú. 7 Luego, Lea y sus hijos hicieron lo mismo y, por último, también se inclinaron José y Raquel. 8 — ¿Qué significan todas estas manadas que han salido a mi encuentro? —preguntó Esaú. —Intentaba con ellas ganarme tu confianza —contestó Jacob. 9 —Hermano mío —repuso Esaú—, ya tengo más que suficiente. Quédate con lo que te pertenece. 10 —No, por favor —insistió Jacob—; si me he ganado tu confianza, acepta este presente que te ofrezco. Ya que me has recibido tan bien, ¡ver tu rostro es como ver a Dios mismo! 11 Acéptame el regalo que te he traído. Dios ha sido muy bueno conmigo, y tengo más de lo que necesito. Fue tanta la insistencia de Jacob que, finalmente, Esaú aceptó.” Génesis 33:1-11

A partir de este relato tan emotivo, aprendamos algunos principios para restaurar los lazos rotos en la familia:

1. Lo primero será orar pidiendo el respaldo de Dios a través de un milagro de restauración familiar. Si una familia está peleada, estamos frente al plan del enemigo. Es importante hacer  guerra espiritual echando fuera a todo espíritu de división que se ocupó de inflar los problemas. Es importante discernir cuando estamos frente a una causa espiritual que generó la división y cuando estamos frente a una causa de errores netamente humanos. Génesis 32:9 al 12 relata cómo Jacob ora pidiendo la bendición y ayuda de Dios para restaurar la relación con su hermano.

2. El perdón es una llave para sanar relaciones. Esto implicará poner más valor a la relación con el familiar que al problema que haya generado el distanciamiento o enojo.

3. Tomemos nosotros la iniciativa de mejorar o restaurar la relación. Para esto es importante salirse del papel de víctima y tomar una postura responsable frente al  conflicto a resolver o la relación a recuperar. Jacob tenía temor de enfrentar a su hermano, por todos los años que lo persiguió para matarlo pero estuvo dispuesto a arriesgarse para lograr una reconciliación.

4. Sembremos en la relación que anhelamos restaurar o recuperar. Génesis 32:13-15 dice que Jacob pensó y apartó el regalo para llevarle a su hermano Esaú con el fin de lograr confianza frente a su hermano. “13 Jacob pasó la noche en aquel lugar, y de lo que tenía consigo escogió, como regalo para su hermano Esaú, 14 doscientas cabras, veinte chivos, doscientas ovejas, veinte carneros, 15 treinta camellas con sus crías, cuarenta vacas, diez novillos, veinte asnas y diez asnos.”. Pensar en un regalo para aquella persona con la que queremos reconciliarnos nos abrirá puertas para conectarnos a su corazón. Son estrategias para crear lazos afectivos. De hecho, cuando nos ponemos de novios y buscamos el agrado del otro una de las primeras cosas que pensamos es qué le vamos a regalar. Siembra en aquella persona con la que anhelas una relación afectiva, sean tus padres, hijos, hermanos, abuelos. Proverbios 18:16 dice: “Con regalos se abren todas las puertas y se llega a la presencia de gente importante”.

5. Oremos cortando toda maldición en la herencia familiar. Hay relaciones que se rompen porque ya es algo que traemos como herencia de maldición familiar. Hay familias que por generaciones se pelean y no se hablan y hasta en ocasiones se desconocen las causas. Si identificas esto en tu familia, ora cortando esa maldición y pide la bendición de Dios sobre tu familia actual y generaciones futuras.

Conclusión:

Dios ama nuestra familia y es su plan el bienestar y que nos desempeñemos dentro de relaciones sanas en nuestro hogar.

Proclamemos juntos:

“Mi familia es bendecida y libre de todo ataque de las tinieblas para producir rupturas”

“Mi familia está en las manos de Dios y yo seré un instrumento de paz, bienestar y bendición para mi hogar”

 “Recibo la sabiduría de Dios para generar lazos fuertes con las personas que amo”.

Oremos específicamente de acuerdo al punto que necesitemos trabajar en nuestro caso en particular.


También te podría gustar...

Deja un comentario