Entrenamiento Financiero III

Parte III

En esta tercera entrega, y contando con la base que Dios nos dio en las semanas anteriores, me propongo capacitar a cada hermano con el poder del uso correcto de la ley de la siembra y la cosecha. Estamos proclamando la prosperidad divina sobre la Iglesia del Señor y creemos que este es el tiempo. Abre tu corazón para recibir esta palabra.

Quisiera comenzar con una ilustración que escuché hace un tiempo atrás: “Un hombre salió a pescar y pescó 125 langostas. Cuando llegó a la casa al intentar colocarlas en el freezer notó que solamente entraban 100, así que antes de que se perdieran las otras 25 llamó a sus amigos y les ofreció algunas de las langostas. Aquel hombre al ver la gratitud de los que recibían las langostas se entusiasmó tanto en esa experiencia de regalar que esmeradamente hizo una lista de todas aquellas amistades que hacía mucho tiempo no veía y les llamó para enviarles algunas langostas de regalo. Cuando menos se dio cuenta, su entusiasmo era tan grande que había obsequiado 122 y sólo le quedaron tres para él, pero había descubierto el gozo de dar. Dejó pasar el tiempo sin recordar que esas langostas estaban aún en el freezer, hasta que un día, entrando a su garaje, comenzó a oler un fétido aroma que venía del freezer. Fue ahí cuando se dio cuenta que el mismo se había descompuesto, y que las 3 langostas que estaban ahí se habían podrido. En ese mismo instante pensó ¿qué hubiera sucedido si no obsequiaba mis langostas? Estarían todas podridas. Así que lo único que se lamentó ese día fue de no haber obsequiado esas últimas 3 langostas también.” La única semilla que no sirve es la que nunca se siembra.

Hoy queremos enseñar un principio, si te propones ser una persona que siembra, jamás te faltará semilla para sembrar o pan para comer, tal como enseña su Palabra. Leamos juntos:

“10 El que le suple semilla al que siembra también le suplirá pan para que coma, aumentará los cultivos y hará que ustedes produzcan una abundante cosecha de justicia”. 2 Corintios 9:10 (NVI).

Ahora que mis finanzas fueron consagradas a Dios, están en el sistema del Reino de Dios y ya no más en el sistema espiritual de Mamón. Tengo la certeza absoluta en mi corazón de que  Dios me quiere prosperar entonces, debo conocer una de las leyes más importantes de la prosperidad.

La Ley de la siembra y la cosecha: “Dios me hará tan próspero como su Reino lo requiera, el límite es mi fe. Según mi fe será mi siembra. Según mi siembra será mi cosecha”. Es importante aclarar que esta ley espiritual se aplica prácticamente en todos los ámbitos de nuestras vidas, no solamente en las finanzas. Dios proveerá en mi vida semilla para sembrar y pan para comer.

Vamos a aprender algunas enseñanzas de cómo utilizar bien esta Ley:

➤ La primera enseñanza es administrar bien:

Como hijos de Dios debemos entender que Dios se mueve en el orden financiero. Si no lo hemos aprendido en casa cuando éramos niños entonces habrá que aprenderlo de grandes, pero la buena administración es algo que todos debemos desarrollar. Cada persona debe tener conocimiento preciso de cuáles son sus entradas financieras y sus salidas. Cada persona debe conocer cuáles son sus pagos programados y por cuánto tiempo asumió ese compromiso, Toda persona debe conocer cuál es su capacidad de ahorro y también debe conocer con precisión cuál es su capacidad de siembra. No importa cuánto desees sembrar en el Reino, la pregunta es ¿puedes hacerlo realmente?

En este punto necesitamos hacernos una pregunta: ¿Tienes un sistema financiero organizado? Si no lo tienes, aquí va tu desafío. Desarrolla un sistema organizado de entradas y salidas y verás como Dios va a bendecir tu orden.

➤ La segunda enseñanza es practicar el contentamiento:

Para ser equilibrado nuestra actitud debería ser “anhelar el crecimiento y practicar el contentamiento simultáneamente”. El apóstol Pablo dice haber aprendido a conformarse cuando tuvo poco y haber aprendido administrar bien cuando tuvo mucho. Siguiendo su ejemplo, déjame decirte esto, practicar el contentamiento te salvará de ponerte en riesgos financieros. Hemos visto muchas personas que se endeudan sin necesidad real de hacerlo y luego la pasan mal. Hay que saber practicar el contentamiento, sabiendo con certeza espiritual que ya vendrán buenos tiempos. Está bien que anheles un auto nuevo pero si aún no llega no te desesperes por eso; no te desesperes por el último teléfono o por un viaje que no puedes hacer aún, no tomes un crédito que te fuerce la economía, no hagas una maniobra desesperada.

Mantén la gratitud por todo aquello que sí tienes. El contentamiento viene por la gratitud. ¿Qué tan agradecido eres con lo que Dios te ha dado?

➤La tercera enseñanza es dirigir tu semilla hacia aquello que quieres cosechar:

Ahora que sabes que Dios tiene intenciones de prosperarte y razones por las cuales quiere tu bendición financiera, puedes dirigir tu semilla hacia esas razones. Por ejemplo: en primer lugar, una casa libre de deudas, en segundo lugar, cancelar los robos del enemigo (tendrá que devolverte siete veces lo que ya te robó ahora que tus finanzas están consagradas a Dios). En tercer lugar, un hogar donde tus entradas financieras cada mes sean superiores a tus salidas. El diezmo y la ofrenda no es un trámite sin conciencia, es una siembra en donde vas a cosechar pero cada persona que planta una semilla tiene una expectativa de lo que ha de cosechar, tu también debes tenerla.

➤ Cuarta enseñanza, sembrar en el Reino con alegría:

7 Cada uno debe dar según lo que haya decidido en su corazón, no de mala gana ni por obligación, porque Dios ama al que da con alegría. 2 Corintios 9:7 (NVI). Si ya tienes fe, entonces te será fácil sembrar con alegría. Ese es el gozo de saber que nuestros recursos se convierten en combustible para que el Reino de Dios avance sobre la tierra, y que como si fuera poco, tú que siembras recibirás tu recompensa.

➤ Quinta enseñanza, según como siembres así también cosecharás:

“6 Recuerden esto: El que siembra escasamente, escasamente cosechará, y el que siembra en abundancia, en abundancia cosechará”. 2 Corintios 9:10 (NVI). Hay personas en nuestra Iglesia que Dios las llamó a sembrar abundantemente y cosechan abundantemente, hay personas cuyos negocios crecieron mucho sembrando en nuestros ministerios en Paraguay. Son personas que tienen fe en el diseño de Dios en cuanto a las finanzas. De hecho hay personas que tienen fe para salvación, hay personas que tienen fe para sanidad, hay personas que tienen fe por restauración interior o restauración familiar pero no todos pueden tener fe por su prosperidad. Te pregunto, ¿hay alguna parte del evangelio que decidiste no creer?, porque en eso que no crees no recibirás nada, y ¿qué parte del evangelio decidiste creer?, porque la Biblia enseña que según tu fe, así te será hecho.

Sexta enseñanza no ignores la ley de la recompensa:

28 — ¿Qué de nosotros, que lo hemos dejado todo y te hemos seguido? —comenzó a reclamarle Pedro. 29 —Les aseguro —respondió Jesús— que todo el que por mi causa y la del evangelio haya dejado casa, hermanos, hermanas, madre, padre, hijos o terrenos 30 recibirá cien veces más ahora en este tiempo (casas, hermanos, hermanas, madres, hijos y terrenos, aunque con persecuciones); y en la edad venidera, la vida eterna. 31 Pero muchos de los primeros serán últimos, y los últimos, primeros. Mateo 10:29-31 NVI

Sorpréndete con este pasaje, es el mismo Señor Jesús que enseña que aquellas personas que hacen un esfuerzo por el Reino de Dios, serán recompensados. Vale la pena aclarar que no se refiere a que tiene que abandonar la familia cuando dice si deja madre o padre o hijos, sino que prioriza en cierto sentido el vivir sin cumplir las expectativas de la familia para poder cumplir su propósito en la tierra. Esas personas que siembran semillas de tiempo o de dinero cosecharán 100 veces más aquí en la tierra. Sorpréndete del nivel de prosperidad del que está hablando el Señor, Él dice que por cada semilla sembrada cosecharás 100 veces lo que siembras.

Dios te quiere prosperar para que tengas una vida sobreabundante aquí en la tierra. Le pido a Dios que tu nivel de fe crezca para creer que tu semilla te prosperará 100 veces más.

 Conclusión:

Mucha gente pide pan para comer, es decir el tipo de bendiciones que uno consume pero quiero declarar sobre tu vida que tu fe alcanza un nuevo nivel en el que pedirás semilla para sembrar. Dios es el que dará pan para comer y semillas para sembrar en el avance del ministerio Jesucristo Plenitud de Vida. ¿Qué vas a pedirle al Señor?

Oremos juntos…

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