CREER O REVENTAR

En el maravilloso diseño de Dios sobre la humanidad, encontramos una forma de comunicarnos con el mundo natural en el que vivimos a través de los cinco sentidos: gusto, oído, tacto, olfato y vista. Dios habita en el mundo natural, el cual para nosotros es sobrenatural, por eso nuestro Señor no puede ser conocido por el ser humano a través de sus cinco sentidos (a menos que Él haga una excepción). Tampoco puede ser conocido a través de la razón pura o la filosofía, de lo contrario muy pocas personas en el planeta podrían llegar a conocerlo. Menos aún a través de las emociones, de ser así las experiencias con Dios serían tan variadas como nuestros sentimientos.

A Dios se llega por un sólo camino: la FE.

Dios creó la fe, Él es el autor y consumador de la misma, Él la depositó en el ser humano con múltiples propósitos: con fe se puede creer que un proyecto va a salir bien, la capacidad extraordinaria de creer nos permite imaginar y ver en nuestra mente un proyecto hecho realidad mucho tiempo antes de que suceda, podemos utilizar la fe en nosotros mismos, es decir, que podemos confiar en nuestra capacidad, explotar nuestro potencial, avanzar en la vida, creer que realmente podemos. Todo esto es correcto y es un regalo que Dios le da a la humanidad entera.

Pero existe un propósito más para la fe, quizás el que más nos interesa, y el que más le agrada al Señor, se trata de: creer en Dios, dirigir la fe a Dios, creer que existe y que en Él hay salvación eterna. Es el principal propósito de la fe que todos llevamos dentro.

La fe en Dios nos permite relacionarnos con Él de una forma más profunda, lo que conduce a que muchas de las cosas sobrenaturales que experimentamos en nuestra vida, comienzan a hacerse comunes.

Cuando la fe está dirigida a Dios afecta nuestros sentidos (habrá personas que pueden ver o escuchar ciertas manifestaciones), nuestra razón (personas que por revelación entienden lo que antes no podían), y nuestras emociones (gente que puede sentir aquello que jamás hubiera podido sentir sin la fe), he visto a tantas personas llegar por primera vez a nuestra Iglesia y llorar desde que llegan hasta que se marchan.

Compartamos una porción de las escrituras:

Un buen hijo de Dios llamado Zacarías se encontró con un ángel que le cambiaría la vida para siempre. Lo único que Dios pedía de Zacarías era creer, lo único que le faltó a Zacarías fue creer. ¿Cómo responderías tú en su lugar?

5 En tiempos de Herodes, rey de Judea, hubo un sacerdote llamado Zacarías, miembro del grupo de Abías. Su esposa Elisabet también era descendiente de Aarón. 6 Ambos eran rectos e intachables delante de Dios; obedecían todos los mandamientos y preceptos del Señor. 7 Pero no tenían hijos, porque Elisabet era estéril; y los dos eran de edad avanzada. 8 Un día en que Zacarías, por haber llegado el turno de su grupo, oficiaba como sacerdote delante de Dios, 9 le tocó en suerte, según la costumbre del sacerdocio, entrar en el santuario del Señor para quemar incienso. 10 Cuando llegó la hora de ofrecer el incienso, la multitud reunida afuera estaba orando. 11 En esto un ángel del Señor se le apareció a Zacarías a la derecha del altar del incienso. 12 Al verlo, Zacarías se asustó, y el temor se apoderó de él.

13 El ángel le dijo:

—No tengas miedo, Zacarías, pues ha sido escuchada tu oración. Tu esposa Elisabet te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. 14 Tendrás gozo y alegría, y muchos se regocijarán por su nacimiento, 15 porque él será un gran hombre delante del Señor. Jamás tomará vino ni licor, y será lleno del Espíritu Santo aun desde su nacimiento. 16 Hará que muchos israelitas se vuelvan al Señor su Dios. 17 Él irá primero, delante del Señor, con el espíritu y el poder de Elías, para reconciliar a los padres con los hijos y guiar a los desobedientes a la sabiduría de los justos. De este modo preparará un pueblo bien dispuesto para recibir al Señor. 18 —¿Cómo podré estar seguro de esto? —preguntó Zacarías al ángel—. Ya soy anciano y mi esposa también es de edad avanzada.

19 —Yo soy Gabriel y estoy a las órdenes de Dios —le contestó el ángel—. He sido enviado para hablar contigo y darte estas buenas noticias. 20 Pero, como no creíste en mis palabras, las cuales se cumplirán a su debido tiempo, te vas a quedar mudo. No podrás hablar hasta el día en que todo esto suceda.

21 Mientras tanto, el pueblo estaba esperando a Zacarías y les extrañaba que se demorara tanto en el santuario. 22 Cuando por fin salió, no podía hablarles, así que se dieron cuenta de que allí había tenido una visión. Se podía comunicar solo por señas, pues seguía mudo. 23 Cuando terminaron los días de su servicio, regresó a su casa. 24 Poco después, su esposa Elisabet quedó encinta y se mantuvo recluida por cinco meses. 25 «Esto —decía ella— es obra del Señor, que ahora ha mostrado su bondad al quitarme la vergüenza que yo tenía ante los demás».

LUCAS 1:5-25 (NVI).

Lo que Dios quiere es ser creído:

1- Nuestra relación con Dios debe estar fundada en la FE.

Desde el último profeta que había hablado palabra de Dios hasta los días de Zacarías, transcurrieron 9 generaciones. No hubo revelación fresca ni ningún acontecimiento sobrenatural, hasta el día en que el ángel Gabriel se apareció delante de Zacarías.

Zacarías era sacerdote, hacía todo correctamente pero de una forma rutinaria y repetitiva, sin experimentar la frescura de una relación de confianza e intimidad con Dios. El Ángel anunció que su oración había sido escuchada: tendría un hijo. Sin embargo, sus dudas basadas en la edad y en el tiempo pasado, anularon su confianza en la Palabra de Dios.

¿Qué oraciones haces rutinariamente sin creer que sucederá?

Cuando se pierde la relación con el Espíritu Santo, sólo queda un ritualismo vacío, religioso y muy peligroso. Podemos estar parados frente a la respuesta divina por la que tanto hemos orado y al mismo tiempo estar tan fríos y vacíos de la presencia de Dios, que no discernimos lo que está sucediendo.

Mantengamos nuestra relación y comunión con el Espíritu Santo fresca y vívida para que cuando Dios responda nuestras oraciones podamos reaccionar con fe.

2- Hablemos Fe.

Las últimas palabras que pronunció Zacarías antes de quedarse mudo cuestionaron las palabras del Ángel Gabriel enviado por Dios. El problema de Zacarías fue el mal uso de las palabras. Al igual que muchas personas, al expresarnos incorrectamente podemos desacreditar tanto el obrar de Dios a tal punto que se obstruyen los milagros o el propósito divino para nosotros mismos o para otros.

Al fin y al cabo la gente religiosa pero vacía de fe habla de la incredulidad que hay en su corazón, Jesús ya lo dijo: “ de la abundancia del corazón, habla la boca”. Cuando la gente de fe alinea sus palabras al propósito divino, no existe nada que detenga su cumplimiento. Cuando tomas una promesa para tu vida, la proclamas con tus palabras, hablas de tus milagros y de tu superación, entonces son tus palabras de fe las que están creando una nueva realidad. Es tiempo de hablar Fe.

3- El trato de Dios en nuestra vida debe producir Fe.

Dios trata con cada uno de nosotros conforme lo necesitemos, muchas veces pone en pausa algo en nuestra vida para llamarnos la atención, como la falta de trabajo, de dinero, movilidad, etc., que en poco tiempo se resolverá para bien. No debemos confundirlo con un ataque del enemigo. ¿Cómo muestro una buena actitud cuando estoy en un trato especial de Dios? Me humillo y busco su presencia. Zacarías quedó mudo al menos 9 meses y 8 días, la historia cuenta que al llevar al niño de la promesa al templo, le preguntaron a la madre qué nombre debían ponerle, ella contestó:” Juan”, pero ellos dijeron que debería tener el nombre del padre.

Sin embargo Zacarías interviene escribiendo el nombre Juan:

63 Él pidió una tablilla, en la que escribió: «Su nombre es Juan». Y todos quedaron asombrados. 64 Al instante se le desató la lengua, recuperó el habla y comenzó a alabar a Dios.

LUCAS 1:63-63 (NVI).

En ese momento terminó el trato de Dios con Zacarías.

Zacarías pudo comprender su error, se humilló y pidió perdón por su falta de fe. Lo demostró cuando no dudó en ponerle el nombre que le había dado el ángel. Cuando uno abraza el trato de Dios termina alabando y en una comunión mucho más íntima con el Señor y también culmina listo para ser promocionado por el Rey de reyes.

CONCLUSIÓN:

Siempre atravesamos momentos en la vida que nos hacen cuestionar todo a nuestro alrededor, especialmente a Dios. Caemos en la trampa del enojo, la impaciencia y la desesperanza que nos llevan a la falta de fe. Olvidamos que Dios sigue en el trono y que está en control de todo y de todos. Dios oye atentamente cada oración, ve cada corazón y la medida de fe que depositamos en Él.

Dios también quiere hablarnos, entonces debemos callar para dejarlo obrar en nuestras vidas, demostrar obediencia a Su Palabra y tener la certeza de que cada plegaria también es una prueba de fe que nos llevará a un nuevo nivel de profunda intimidad con el Creador.

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