Aprendo a Descansar

Muchas veces vivimos anhelando que lleguen las vacaciones dado que asociamos el concepto de vacaciones con tiempo de descanso. El problema es que, por lo general, las vacaciones resultan cortas y muy poco suficientes para quitar la sensación de cansancio, y ni hablar cuando le sumamos al agotamiento un estado de preocupación. Volvemos de las vacaciones, pero las preocupaciones permanecen intactas.

¿Cómo manejamos las preocupaciones o las cargas? ¿Qué papel juega en nuestras emociones la ansiedad por resolver lo que nos perturba?.

Leí hace poco en internet la historia de una mujer preocupada por su situación familiar, lo cual nos lleva a reflexionar sobre cómo manejar el peso y cansancio emocional, físico y espiritual que genera un problema irresuelto:

«Una mujer pobremente vestida, con un rostro que reflejaba tristeza, entró a una tienda, se acercó al dueño y de manera humilde preguntó si podía llevarse algunas cosas a crédito; con voz suave explicó que su esposo estaba muy enfermo y que no podía trabajar, tenían siete niños y necesitaban comida.

El dueño no aceptó y le solicitó que abandonara la tienda. Sabiendo la necesidad que estaba pasando su familia, la mujer rogó: “Por favor señor, se lo pagaré tan pronto como pueda». El dueño le dijo que no podía darle crédito, ya que no tenía una cuenta de crédito en su tienda. De pie, cerca del mostrador, se encontraba un cliente que había escuchado la conversación entre el dueño de la tienda y la mujer. El cliente se acercó y le dijo al dueño de la tienda que él se haría cargo de lo que la mujer necesitara para su familia. Entonces el dueño, amoscado, preguntó a la mujer: » ¿Tiene usted una lista de compras?». La mujer dijo: «Sí señor»; Está bien, dijo el dueño, “Ponga su lista en la balanza de platos y lo que pese su lista le daré en comestibles».

La mujer titubeó por un momento y cabizbaja buscó en su cartera un pedazo de papel, escribió algo en él y lo puso, triste aún, en uno de los platos de la balanza. Los ojos del dueño y del cliente se llenaron de asombro cuando el plato de la balanza donde estaba el papel, se hundió hasta el fondo y se quedó allí. El dueño, sin dejar de mirar la balanza dijo: «No lo puedo creer»…

El cliente sonrió y el dueño comenzó a poner comestibles en el otro plato de la balanza. La balanza no se movía, por lo que continuó poniendo más y más comestibles, hasta que se llenó. El dueño se quedó pasmado de asombro. Finalmente, tomó el pedazo de papel y lo miró todavía más asombrado…. ¡No era una lista de compra!

Era una oración que decía:

“QUERIDO SEÑOR, TÚ CONOCES MIS NECESIDADES Y YO VOY A DEJAR ESTO EN TUS MANOS» El dueño de la tienda le entregó los comestibles que había pesado y quedó allí en silencio. La mujer agradeció y abandonó la tienda; el cliente entregó un billete de cincuenta dólares al dueño y le dijo: «Valió cada centavo de este billete; ahora sabemos cuánto pesa una oración».

La mayoría de las personas sabemos que en momentos de preocupación podemos activar la fe y direccionar nuestra fe a creer que tenemos un Dios de imposibles, un Dios que todo lo puede. Pero en muchas ocasiones los problemas, el cansancio y las preocupaciones nos nublan la vista y nos despojamos de los lentes de la Fe y sólo vemos y sentimos lo que naturalmente toda persona siente.

Esta mujer experimentó el peso de la Oración y la Fe en medio de sus preocupaciones. Activó el poder sobrenatural de Dios a su favor. Entendió su lugar como hija de un Padre que está presente siempre en medio de nuestras mayores o menores necesidades.

Hoy declaramos que nos entrenamos en la Fe de tal manera que aprenderemos a dejar nuestras preocupaciones y el cansancio (físico, emocional o espiritual) totalmente en el Señor, ejerciendo la relación de Padre e Hijo que tenemos con Dios.

Principios fundamentales para aprender a descansar en Dios:

El Señor Jesús no pasó por alto cómo nos pueden afectar las preocupaciones y transmitió unos principios muy importantes que juntos podemos implementar. Leamos Mateo 11:25-30 NVI: “25 En aquel tiempo Jesús dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque habiendo escondido estas cosas de los sabios e instruidos, se las has revelado a los que son como niños. 26 Sí, Padre, porque esa fue tu buena voluntad. 27 »Mi Padre me ha entregado todas las cosas. Nadie conoce al Hijo sino el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquél a quién el Hijo quiera revelarlo. 28 »Vengan a mí todos ustedes que están cansados y agobiados, y yo les daré descanso. 29 Carguen con mi yugo y aprendan de mí, pues yo soy apacible y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su alma. 30 Porque mi yugo es suave y mi carga es liviana».

  • Entender y experimentar el poder de Dios en nuestras vidas no es con sabiduría natural sino con un corazón rendido a Dios: el capítulo 11 de Mateo habla de cómo Jesús manifestaba su poder y realizaba milagros en diferentes pueblos, también relata que había ciudades que no tenían el corazón para recibir los milagros de Jesús. En este contexto, Jesús dice algo maravilloso, con una revelación poderosa: Alaba a Dios porque lo sobrenatural en favor de sus hijos no es adecuado para gente que quiera manejarlo desde la instrucción, o entenderlo desde la razón o desde la formación académica, sino que el mover del Espíritu Santo en las personas y el Poder de Dios que se manifestaba de manera tal que los ciegos veían, los cojos andaban, los que tenían lepra eran sanados, los sordos oían, los muertos resucitaban y los pobres recibían buenas noticias del Reino de Dios (Mateo 11:4 al 6) es para aquellos que son como niños. Jesús se alegra y alaba a Dios porque el mover sobrenatural de milagros, señales y prodigios no es para sabios e instruidos, sino para los que tienen un corazón de niño que confían ciegamente en su Padre, que no dudan, que no cuestionan, que si Papá dijo que así es por lo tanto se le cree sin titubear. Entrenemos nuestro corazón para creer que Dios tiene poder para llevar cada carga y preocupación que nos perturbe o incomode en este tiempo. Creemos sin dudar que Dios hará cosas grandes y maravillosas en nuestras vidas.
  •  Busquemos esa intimidad con Dios, de Padre a Hijo: el versículo 27 nos muestra el valor que Jesús le atribuye a la relación de Padre e Hijo en el hecho de compartir secretos al que otros no tienen acceso y principios escondidos que bendicen. Jesús dice que Dios como Padre le entrega todo y habla de una intimidad entre ellos, existe un puente comunicacional y un nivel de revelación al que Jesús tiene acceso por esa intimidad con su Padre. En el marco donde Jesús habla del poder y los milagros de Dios también nos direcciona a dejar nuestras cargas en Él, nos enseña una clave que debemos adoptar como central en nuestras vidas: nuestra relación íntima con Dios debe ser nuestra prioridad principal. Dios nos entrega todo lo que preparó, pero debemos conocer qué es lo que Dios preparó para nosotros. En las semanas anteriores, se enfatizó sobre la importancia del cuidado afectivo de nuestras familias naturales y de la Fe. En este tiempo profundicemos la relación con Dios, esa relación de Padre e hijo, que es un privilegio muy grande. ¿Podes ver y sentir a Dios como tu papá Celestial? ¿Estás aprovechando tu tiempo para hablar, agradecerle, adorarle por el hecho de que es Él?. Simplemente estar con él en intimidad. Nuestra cultura tiene como costumbre que sólo se busca a Dios cuando hay un problema o se acude cuando hay un evento social, ya sea bautismo, casamiento, etc. Pero Jesús nos inspira a una relación cotidiana y un estilo de vida que contemple en todo momento, en todo lugar, que Dios es nuestro Padre. A permanecer conectados con Él. Con el tiempo uno comienza a sentir un amor inexplicable por Dios y a sentirse amado, cuidado y cercano a Él. Empezamos a tomar conciencia que Él está siempre con nosotros, que pelea nuestras batallas. Sólo requiere morir al “yo” (ese “yo” que quiere tener control de todo) y dejarlo a Él reinar en nuestras vidas y emociones. Es recién ahí donde las preocupaciones y las cargas tendrán otro peso, ya no las llevaremos nosotros sino que estaremos enfocados en lo que Dios quiere hacer a través de su poder y sus milagros. 1 Pedro 5:7 (NVI) dice: “Depositen en él toda ansiedad, porque él cuida de ustedes.”
  • Dejemos nuestras cargas y cansancio completamente en el Señor: el versículo 28 y 29 nos instan a dejar todo peso, carga, cansancio en el Señor. A experimentar el descanso que Dios da. La mayoría de las personas entienden desde la razón esto porque la fe los empuja a decir “dejo todo en las manos de Dios” pero el punto es ¿cómo se hace en la práctica? ¿cómo sé que pude ir al Señor y entregar a El todo cansancio y agobio?. Muy sencillo: se llega a este punto cuando primeramente tenemos un corazón de niño que cree que DIOS TODO LO PUEDE y cuando nuestra relación de Padre e Hijo es profunda, entonces ahí no habrá problema tan grande, ni preocupación, carga o agobio tan significante. Sea el problema de cualquier índole, nada nos robará el gozo, ni la fe, ni nos afectará de manera tal que nos estanque.

Un peligro del que nos advierte el Señor en la conocida parábola del sembrador, es que las preocupaciones ahoguen nuestra Fe y nos roben la posibilidad de crecer y dar frutos. Mateo 13:22 (NVI) dice: “El que recibió la semilla que cayó entre espinos es el que oye la palabra, pero las preocupaciones de esta vida y el engaño de las riquezas la ahogan, de modo que esta no llega a dar fruto.” El Señor nos dice que el dejar nuestras cargas en Él, trae descanso a nuestra alma. Recordemos que el alma es dónde se alojan nuestras emociones, sentimientos, nuestra psiquis y ahí es donde están nuestras mayores luchas. Es ahí donde frente a un problema opera la ansiedad, el temor, la duda, que se transforman en nervios, tristeza, insomnio, preocupación y desde donde luego somatizamos en dolores de estómago, cabeza,  dependiendo de cada uno. Podemos recibir de parte de Dios el descanso interior que necesitamos, creyendo que todo puesto en las manos de Dios tiene solución.

Filipenses 4:6 al 7 (NVI) dice: “6 No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión, con oración y ruego, presenten sus peticiones a Dios y denle gracias. 7 Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, cuidará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús”.

Conclusión:

Volviendo a la anécdota del comienzo, es impactante ver el peso que puede tener la oración. Piensa cuáles son las cargas, agobios, preocupaciones que te pesan en este tiempo y corre a la Presencia de Dios, entrégalos en oración, cree con el corazón de un niño que tu Padre se ocupará de tus problemas y experimenta sus milagros haciendo algo maravilloso en este tiempo en tu vida. Recuerda la importancia del peso que puede llegar a tener una oración, porque una oración respondida no es natural sino que está cargada del poder de Dios obrando a favor de sus hijos.

DECLAREMOS JUNTOS: “Dios me ama y se ocupará de mis cargas como un Padre presente que interviene de manera sobrenatural en mi realidad, trayendo paz y alegría a mi vida y a mi hogar”.

Oremos juntos los unos por los otros… comparte tu preocupación con otros.

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